Una bonita historia de amor…

He pasado mis últimos tres días en un precioso rincón de Cuenca. En Molinos de Papel, junto a la ribera del río Huécar. No me extraña que Juan de Otonel, bajo el reinado de Felipe III, decidiera trasladarse a este lugar para construir un molino de fabricar papel fino en 1613. Es mágico.

Me trasladé allí para asistir a la boda de Miguel y Ana, la boda campestre chic de la que tanto me habéis escuchado hablar y de la que próximamente voy a hablar. La tuna, los tuneros como yo los llamo, los amigos del novio (y el proceso de convertirse a trogloditas en determinados momentos) y las amigas de la novia y demás situaciones han dado mucho juego…

Aterricé el viernes tarde (quiero decir, AVE Madrid – Cuenca y después coche hasta llegar a la pequeña aldea). Rayos calurosos de sol sobre las 19.00horas y suave brisa.

Nada más llegar conocí a una de las parejas más bonitas de las que pude disfrutar el fin de semana: Gloria y Eneko. Me llamaron muchísimo la atención desde el primer momento. Juntos trasmiten dulzura, tranquilidad, ternura, amor y felicidad. Es como si estuvieran hechos el uno para el otro, como si les uniera algo invisible. Son uno.

Me encantaron y mi curiosidad se despertó. ¿Cómo os conocisteis? Les pregunté. Tras escuchar su linda historia de amor, “Os voy a hacer un post” les comenté. No pasaron desapercibidos en mi vida y tampoco en mi blog (reflejo de la misma).

Se conocieron hace tres años y desde entonces han permanecido juntos. Se conocieron en Suecia, se enamoraron en Bosnia. Se mudaron a Italia y ahora disfrutan en Bélgica de su amor. Ya han disfrutado de muchos países juntos, conviviendo y viajando. A ella le encanta escribir y tiene un blog de viajes.

Son esas personas que aparecen en tu vida y te vuelven a recordar que el amor existe y que la vida puede ser maravillosa, como en una ocasión me recordó mi amigo Juan Ángel. Que los cuentos de Castillos y Princesas, que nos contaban papá y mamá al ir a dormir y que yo cuento a los niños de mi alrededor, son posibles. Que la distancia no importa. Que todo es posible. Que sólo tienes que querer. Que el amor mueve montañas. Que es mejor sobrevolar y pensar que todo es posible (aunque a veces sea complicado).

Da gusto verlos. Y por eso, yo les miraba cada vez que podía y disfrutaba de ellos, sin que se notase demasiado, para no llamar mucho la atención. Y por eso, les dedico este post, este tiempo, estas líneas, estas palabras, agradeciéndoles su aparición en mi vida este fin de semana y deseándoles lo mejor en esta historia de amor. Ojalá sea para siempre. Yo creo que sí.Tengo esa sensación como cuando conocí a Miguel, actual marido de Ana, y pensé: “Miguel y Ana se casan. Son como dos gotas de agua”.

Comments

  1. Leave a Reply

    Gloria
    17 julio, 2012

    ¡Pero qué bonito! Gracias por plasmar esto en palabras… qué te voy a decir yo, ¡me has emocionado!

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