Todo lo bueno se acaba

El verano llega a su fin y con él todas esas cosas de las que tanto disfrutamos durante esos maravillosos días… El sol, las calas cristalinas color aguamarina, navegar, coger olas, la refrescante cerveza delante del mar, las hamacas al sol, las olivas, las fiestas pirata (y las niñas y los niños pirata que te encuentras en ellas), la sal, los chiringuitos, hacer el amor, las playas desiertas, leer, risas y sonrisas. Los summer rolls, las sobremesas interminables frente al mar, el olor a sal, moreneá, el frío de la nevera a media noche, la brisa del mar y hacer lo que te apetece, aquí y ahora.

Hace unos días, a estas horas (mejor dicho, durante muchas horas, casi todo el día), estaba disfrutando de uno mis chiringuitos preferidos de Mallorca, La Playa.  Con vistas al mar, entre dunas y naturaleza, sosiego y tranquilidad, risas de un día cualquiera con buenos amigos, con excelente comida y deliciosa bebida (y nada cara, dato importante actualmente, os lo prometo).

El año pasado llegamos allí, de la mano de nuestro gran amigo Alejandro que cada año nos enseña los mejores sitios de la isla. “Déjame a mí” me dijo “que sé lo que hago y a dónde os llevo”. Tenía razón. Nada más llegar, nos encontramos con un chiringuito blanco de estilo surfero, con las típicas banderas coloridas que ondean junto con el viento, a su son. Me hizo recordar a Tarifa y a todos los surferos molones que te encuentras allí, como en cualquier parte del mundo donde se practique deportes acuáticos.

Aún así, La Playa no es un simple chiringuito surfero, lo definiría más como un restaurante Chill Out donde se disfruta de comida de buena calidad (Víctor, uno de los dueños, se crió en Euskadi, cosa que tiene algo que ver). Cuando Alejandro me lo presentó el verano pasado, lo entendí perfectamente.

Víctor, surfero por naturaleza, ha pasado parte de su vida entre Zarautz y Getaria. Acostumbrado a comer productos de calidad, ofrece buena comida a precios asequibles para que todos los podamos disfrutar. El producto es fresco, autóctono y de temporada. Tienen hasta txuleta de ternera gallega y txuletón de buey irlandés. Cuando lo vi, me eché a reír (siempre creo que los solomillos que compra mi aita son difíciles de mejorar). Victor se sintió retado y nos invitó a probarla. Deliciosa. Aun así, yo comería pescado, siempre que voy lo hago. Sobre todo, en verano; es mi comida favorita.

El sitio es maravilloso. Incluso, algo adictivo. La sensación que te produce te hacer querer volver sin saber por qué y disfrutar de esos atardeceres de domingo mientras suena la música de fondo. Durante el pasado mes de agosto, los domingos por las tardes, ofrecían pinceladas de buena música electrónica, que mezcladas con un cóctel, un buen cava o tu champagne favorito, te evadían a donde tú quisieras, sumergiéndote entre las olas de mar y sonidos burbujeantes.

Ojalá pudiera volver allí de nuevo. Ahora. Ya. Sola. Con quien fuera. Contigo. Cualquier momento es bueno. Para sentir esa sensación y disfrutar de un refrescante coctel, tumbada en en sus blancos puffs delante las aguas cristalinas. Evadirme. Flotar. Desconectar. Volar.Flow.

Comments

  1. Leave a Reply

    Sarita
    3 septiembre, 2012

    Podríamos estar allí cada viernes y disfrutar otra vez de la playa, la buena comida y por supuesto la compañía..nos vamos? 😉

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