Con “B” de Barketing y con “Ch” de Chuchi

Hoy doy paso a una nueva sección de colaboradores. Hoy le toca a Dani, un guapazo con ojazos, al menos, así lo definen mis amigas, sobre todo Jimena. Es uno de esos chicos que tienen ese no sé qué, qué sé yo que nos encanta a las mujeres.  Según dicen, es una persona que te hace fluir y te hace soñar, pero lo mejor es que consigue hacerte fluir soñando! Tiene un algo especial, os daréis cuenta en su post.

Sensible, divertidísimo, tranquilo y eufórico, según el momento. Le gusta bailar y llamar la atención (bajándose los pantalones en cualquier lugar, con unas copas de más, mientras seduce a las mujeres de su alrededor). Melómano y cinéfilo. Le encanta la cerveza, sobre todo, la rubia (y las morenas también, mucho; pero cuando se enamora, lo hace de verdad). Es capaz de conseguir que una discoteca entera se aprenda su baile favorito, pareciendo un flashmob organizado por alguna compañía. Lo ha hecho ya varias veces, impresionante. Un día le haré un post, que se lo merece, con vídeo incluido. En resumen, un chico sin igual, no me sorprende que sea un buen creativo y siempre esté rodeado de buena gente, como él.

Y, ahora, os dejo con Dani:

10:15 de la mañana. Entro en el Bar. Hoy es lunes y sabía que iba acabar a esta hora en este sitio. Como siempre está Chuchi, despeinado…  y al entrar por la puerta, noto el olor a jeta, o morro de cerdo, y a lejía de días.

-          Buenos días Chuchi. Litro de cerveza, ración de patatas y pincho de jeta.

A estas horas y encima lunes, Chuchi no tiene ganas de hablar, y sin darme los buenos días, dice con una sonrisilla:

-          Vamos Toro. Lo de siempre.

Han pasado 15 años y desde esos recreos en el instituto Vaguada de la Palma, siempre busco ese tipo de bares. Entras y huelen a “carnaza” y a lejía de días en el mejor de los casos; tienen las paredes amarillas cuando debieran ser blancas; te apoyas en la barra y el antebrazo se te queda pegado; a los servicios mejor no entrar…

Pero siempre, hay un Chuchi en todos ellos. Y es que los “Chuchis” se lo curran y aplican muy bien el Barketing. Saben que no venden el mejor producto (primera P: Product). Tampoco tienen la mejor localización, ni la más limpia, ni la mejor pintada y a veces, ¡¡¡se quedan sin cerveza!!! (segunda P: Placement). Es obvio que son más baratos (tercera P: Price). Pero sin duda alguna, su fortaleza es su comunicación interpersonal y su feeling con esa clientela de todo tipo (cuarta P: Promotion) y, por supuesto, algunos valores añadidos…

Y es que, que te llamen por tu nombre, por tu mote, que sepan lo que tomas, que te traten como a un hijo, como a un hermano o como a un novio, que te pongan “chupito, chupito, chupito”, que te guarden un Cornetto, mi helado preferido, para cuando llegues (y no importa que sean las 2 am), que te presten el coche, que te dejen fumar y “fumar (y volar), entrar en la cocina, quedarte más tarde con la puerta cerrada, cantar siempre la misma canción y bailar la misma coreografía, convertirte en DJ, utilizar las sillas como cajón flamenco, meterte en la barra, brindar y brindar, llevar a la tuna, bajarte los pantalones, desnudarte… es lo que ha convertido a  estos “Chuchis”, “Tiburcios”, “Franes” o “Arcadios” en los Gurús del Barketing.

En Salamanca, siempre os estarán esperando en el “Bar Laso“,  calle la Latina, muy cerca  de la biblioteca Libreros. Podréis dar recuerdos a Chuchi y a Rosi su mujer. Podréis conocer a gente muy carismática. Como Lubok (el profesor de Gimnasia de Bloosom), o al “Pernales” un antiguo legionario, también al mítico portero del Béjar “El rizos”. Probad sus raciones de patatas.

Mesón Tabernero” y “Bar Los Trillos“, Calle Toledo, en la zona de Pinchos de Van Dyck. Allí saludad a Arcadio, María su mujer, y a Raúl un estupendo profesional. Reconoceréis también a “El Juli” por su bigote “Hitleriano”. Seguro que os pedirá un cigarro y os dará un puñetazo, suave, en el hombro.

En Madrid, podréis tocar el cajón, o las sillas en “El Cafetín“, en Cardenal Marcelo Spínola, cerca de la comisaría de Chamartín. Sólo tendréis que entrar una vez para que Fran se aprenda vuestro nombre, dos para que os deje llamarle calvo y tres para que os mande a la mierda, siempre con cariño.