A día de hoy, sin whatsapp no eres nadie.

LIFESTYLE & ART | 13 agosto, 2013 | By

mylifeA día de hoy, sin whatssapp no eres nadie. No estás conectada, no estás in, no contestas a los mensajes comunes de tus amigas para salir de copas, ni a los mensajes de tu nuevo ligue de verano que te encanta, ni a los mensajes del pesado de turno que te aburren (y mejor), ni a los mensajes de tu mamá de ¿ vienes a comer hoy?

Tampoco recibes las fotos de Bali de tu amiga recién casada, ni la que te envía tu prima en las playas de Mundaka, de Tarifa o de Biarritz de los surferos del momento, ni la típica imagen de postureo playera de los pies en la arena, que te dice, aquí estoy, tumbada en la hamaca. Y es entonces cuando estás missing in action. Desapareces.

wifiYa no nos llamamos. Yo sí, pero soy una excepción. Como dice mi amiga Lucía puedo llamar hasta 25 veces si realmente quiero algo. No me importa. Un poco intensa. Ya no nos mandamos SMS. Ya no nos acordamos de lo que eran los primeros mensajes de texto con los que te decías te quiero y te mandabas besos de amor, o mandabas a ese petardo a “jugar a pala” como se dice en el norte, o “a Parla” como se dice en la capital. Ya no lo hacemos. Nos hemos olvidado o seguimos con la idea de que cuestan dinero, aunque a veces sean gratuitos en la tarifa plana de la que casi todo el mundo dispone.

Llevo días así, sin Whatsapp, me quedé sin móvil hace quince días. Y he sobrevivido, a duras penas, pero sobrevivido. Mi compi Teresa me ha contado esta mañana que se le rompió el móvil y su marido le compró uno. Hiperventilaba, literal. Así que no lo pudo resistir y le compraron uno. Casi le entra un ataque de ansiedad cuando pensaba en estar sin conexión al mundo virtual. Y, aunque parezca una exageración, es real.

imagirlEstamos acostumbrados a vivir pegados a un dispositivo que nos une y nos conecta a un mundo virtual, a una nube. Estamos enganchados, somos adictos. Yo, la primera. Unos pocos se resisten, no lo entienden, no lo quieren entender o no lo ven necesario. Y, en ocasiones, es mejor. Yo les envidio.  No puedo vivir sin conexión al mundo. Supongo que todo es cuestión de hábitos y costumbres, pero a mí me cuesta muchísimo.

Incluso que no haya wifi en los sitios me parece incomprensible. ¿No hay wifi? ¡No me lo creo! Es algo básico en mi vida. Eso sí, no todo el mundo lo necesita. Yo sí. Aunque no lo utilice para nada, saber que está ahí, que lo puedo usar cuando quiero, me gusta, me reconforta. Soy adicta a la tecnología, dependiente. Pero no me importa, lo importante es reconocerlo y asumirlo, como todo en la vida, aunque no siempre es fácil.

Y tú, ¿a qué eres adicto?

Yo, a hacer fotos bonitas, a los chicos guapos, a la armonía estética, a la tecnología, a la belleza perfecta, al lipstick rosa fresa, a la buena música, a bailar un sábado noche, al chocolate puro, a los zuritos de Vitoria Gasteiz en buena compañía, a los besos de amor, a los masajes relajantes, a escribir durante horas en la máquina de escribir vintage de la abuela, a jugar a indios y vaqueros, al rico café, a escuchar historias durante horas, a soñar…

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