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30 Diciembre, 2016

Comencé el 2016 con deseo que me llegó de repente. Una de esas revelaciones que se tienen de cuando en cuando. ‘Quiero una familia’ pensé. Pasé el fin de año con una de mis amigas del alma, Anita, quien me hizo parte de su familia desde el primer momento; y fue entonces, sentada en aquella mesa de fin de año, fue cuando me dí cuenta.

Por aquel entonces hacía de madre de dos niños que no eran míos. Vivía con una gata, de la que me enamoré como madre. Y compartía mi vida con alguien que me engañó. No era quién dijo ser desde el primer momento y la información que me dio era muy sesgada. Pero, como todos sabemos, el amor es ciego y hay que darse hostias para aprender.

Mi pequeña gatita

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